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De todas las herramientas que he aprendido o que he tenido cerca en mi vida que giran en torno al desarrollo personal o a las relaciones personales, ya sea la Comunicación Noviolenta, el coaching, la mediación, la resolución de conflictos… de todas ellas hay una que es la empatía (que la he aprendido de la Comunicación Noviolenta) que si solo me pudiese quedar con una cosa, me quedaría con esa.

La palabra empatía viene del griego ἐμπάθεια “empátheia” y a día de hoy hay diferentes definiciones para esta palabra. Yo siempre suelo compartir una desde la visión de la Comunicación Noviolenta que es: comprender los sentimientos y necesidades de la otra persona. Esto no significa que tengas por qué estar de acuerdo.

Cuando trabajo con familias, con parejas, con padres y madres que tienen hijos e hijas, a menudo me dicen: “danos ya el milagro que nos solucione la vida”. Y esto no es una cosa de milagros, es una carrera de fondo.

Pero sí que hay una cosa que piensa que es milagrosa y es esta es la empatía.

Porque cuando damos empatía (que luego hablaré sobre el término “dar empatía”), lo que ocurre es brutal.

Tengo bastantes historias en las que al aplicar la empatía han cambiado de dirección, pero no sé por qué siempre cuento una que me ocurrió hace cuatro o cinco años.

Iba por Madrid montado en mi bici bajando una avenida grande y un taxista paso a mi lado, me pitó y me gritó algo tipo: “vete por la acera” o algo así. Cuando el siguiente semáforo se puso el rojo y el taxi tuvo que parar a los pocos metros, llegué con mi bici y me puse al lado (él tenía la ventanilla bajada) y le dije “oye me imagino que me tenías delante y no podías ir a la velocidad que querías”. Esto es un poco dar empatía, ¿vale?, reconozco sus necesidades y le hago un reflejo de lo que está necesitando o de lo que está sintiendo. No tengo porqué estar de acuerdo de la manera en la que está tratando de cuidarlas, simplemente esto, ya es empatía.

El taxista abrió los ojos como nunca he visto a nadie abrir los ojos y me dijo “pero no te preocupes en realidad ibas bastante deprisa y además aquí hay bastante espacio para los dos y podemos ir por la carretera sin ningún problema”. Tras esta conversación empezamos a charlar un minuto hasta que te puso el semáforo en verde, sobre lo que era conducir en Madrid y todo esto. Obviamente no siempre podemos afrontar situaciones con esa facilidad. En este caso, ese día me dio por ahí, no me lo tomé a la personal cuando me pitó con el coche. Entendí por qué lo hacía. Podría haberle insultado yo también o haberle dicho algo, pero me dio por salir por ahí.

No siempre podemos reaccionar así de primeras, pero solo lo cuento para que sepamos que siempre existe otra manera de actuar. Luego hay veces que podremos más fácilmente o no. Era una persona que yo no conocía de nada y ese día tampoco me levanté pensando “bueno, voy a ver qué hago hoy para mejorar mi relación con los taxistas” así en general. No, no tenía especial interés en esa relación que había empezado con un tipo gritándome desde su coche e insultándome y aún así opte por esta manera de afrontarlo.

Pero dejando a un lado este ejemplo piensa cuántas relaciones tienes tú en tu vida y que son muy importantes para ti. Y si no te apetece empatizar con una persona que te insulta desde su coche, ok, lo entiendo. A mí a veces me apetece y a veces no, depende del día o del momento. Pero piensa en esas personas con las que estás compartiendo tu vida: con tu familia, con tu pareja, con tus hijos e hijas, con amigos y amigas, con la gente que más quieres…. suelen ser las relaciones con las que más roces existen. Puedes empezar por ahí y luego si quieres pues ya irás ampliando. Si yo hubiese insultado al taxista también esto hubiera acabado con que uno de los dos habría sido más chulo que el otro y no sé qué hubiese pasado. Generalmente los conflictos funcionan así, van escalando. El taxista me insulta y yo le insulto a él:  “a que me bajo y te doy un guantazo”, “a que te lo pego yo a ti”… y así hasta que uno de los los se lo da al otro o se van cada uno por su lado.

Obviamente es mucho más fácil empatizar cuanto más acorde con tus valores es esa persona. Cuando menos acorde con sus valores sea esta persona o ese caso en particular, más difícil te va a ser dar empatía. Y eso es normal y de he hecho yo no quiero forzarte a que aprendas a dar empatía a alguien con quien no compartes valores si no te apetece. Con práctica cada vez es más fácil obviamente. Y no es porque yo quiera aprender a empatizar con una persona con la que no comparto nada. Simplemente al menos quiero que cuando con alguien con quien quiero cuidar esa relación estoy teniendo un momento tenso, difícil, de enfado, en el que me está dando feedback, me están diciendo juicios o me están diciendo algo de lo que realmente podría aprender, quiero aprender a tener otra manera de poder acoger eso que me sirva para conectar más todavía con una persona. Para aprender yo también individualmente y para que mejore esa relación, en vez de para que empeore.

En Comunicación Noviolenta lo llamamos “dar empatía”. Es un concepto un poco concreto. A lo mejor lo has escuchado y te suena raro. Realmente lo que damos es escucha, escucha de calidad, y la persona como resultado de esta escucha cuida su necesidad de empatía. Pero coloquialmente escucharás, dentro del mundo CNV, que lo llamamos como “dar empatía”.

Generalmente hemos escuchado este concepto de que la empatía es ponerse en el lugar del otro o de la otra. O ponerse en sus zapatos. Y queda súper bonito a nivel poético y metafórico, pero a nivel práctico yo no sabría muy bien por dónde empezar. Hay varias herramientas sobre todo de psicoterapia que hablan de hacer un role playing en el que tú eres esa persona en la que te quieres poner su lugar y la persona con la que estás trabajando (psicólogo, psicóloga , formador o formadora) hace de ti. Entonces empezáis un juego de rol en el que tú te pones en el lugar de esa persona. Esto es súper interesante y aún así voy a compartir ahora algunas herramientas más que nos pueden servir, sin tener que hacer este juego de roles, para dar esa empatía.

Mucha gente me dice a veces en talleres: “oye, pero es que yo no quiero empatizar con mi jefe” o “yo no quiero empatizar con un violador o con un asesino” y yo lo que contesto es “por supuesto, claro que no y yo no te voy a pedir que lo hagas”. Esto es una herramienta neutral y vamos a emplearla cuando queramos con quién queramos. De hecho cuando no te apetece empatizar con alguien lo más recomendable es que no empatices con esa persona. Sería lo mismo que ir a aprender boxeo y decirle a quién te enseña “oye, pero es que yo no quiero darle un puñetazo a mi hermano”. No queremos, no, pero vamos a aprender una herramienta neutral también y cada herramienta la utilizaremos como queramos, en el contexto en el que pensemos que es el adecuado.

Es muy habitual que cuando damos empatía a alguien no esté acostumbrado o acostumbrada a recibirla y se quede incluso más incómodo o más incómoda que si estuviéramos insultando. Ese taxista se le habrían los ojos que yo pensaba que se iban a caer, porque en sus 30 años de taxista no sé si alguna vez le había pasado que alguien le dijera ” me imagino que estás preocupado porque que yo haya pasado por aquí te ha molestado”. Por lo que es importante hacerlo con cuidado y con tacto.

Vamos a ver algunos consejos para conseguir escuchar con empatía.

Centrarnos en sus sentimientos y sus necesidades, aunque la otra persona ni siquiera los esté expresando. A mi el taxista no me dijo “estoy frustrado” y ni siquiera sé si era frustración o qué era, pero me imagino que va por ahí y a veces se lo reflejo, se lo legítimo, le doy valor a lo que está sintiendo. Puedo estar más de acuerdo o menos de acuerdo con las formas, pero sí que con los sentimientos y las necesidades, las legitimo todas.

Legitimarlos . Es decir, no minimizarlo. No vamos a decir “no es para tanto”, “pues yo en tu lugar no hubiese enfadado así” o frases de este tipo que seguramente por desgracia habrás recibido en algún momento de tu vida.

Tener un espacio de calidez para escuchar a la persona. No mientras estamos mirando el teléfono o cambiando con el mando de la tele. Un espacio donde podamos escucharle sin ninguna interrupción y sin ningún problema.

– De vez en cuando hacer unos reflejos de lo que estamos escuchando. Si  tú me estás contando que estás muy angustiado porque te van a despedir en dos semanas, reflejarte “vale lo que me estás contando es que en dos semanas te van a despedir y estás ahora mismo angustiado, preocupado….” Si la persona te ha nombrado sentimientos y necesidades podemos decirle esos sentimientos y necesidades. Si no te los ha nombrado tú puedes interesarte y preguntarle “¿cómo te sientes con esto?,  ¿qué estás necesitando?.

         Pero aquí hay dos cosas importantes,

           – No vamos a jugar a ser adivinos y adivinas y dar por hecho que conocemos sus sentimientos y                               necesidades

           – Los reflejos los vamos a hacer solo cuando le vayan a aportar algo a la persona, cuando al escucharlo                   vayan a aportarle “ah, vale, este tío sabe de lo que estoy hablando, está quedándole claro lo que le estoy                 contando”. No vamos a hacer un copia y pega exacto de lo que nos dice y se lo vamos a devolver porque               eso no sirve para nada.

 

Estos son algunos consejos así como muy básicos para empezar a escuchar con empatía y bueno, hay muchos más. Hay muchas más cosas que podemos hacer, ya iré contando más.

Sobre todo el truco para poder escuchar a alguien con empatía, cuando nos es difícil, es haber recibido empatía antes nosotros o nosotras y para eso tenemos dos maneras

– Que alguien previamente me haya escuchado con empatía. Hablando con alguien de confianza o pudiendo compartirlo con alguien.

– Escucharnos con autoempatia. Pincha aquí, si quieres saber qué es esto de la autoempatía. 

Cuéntame en los comentarios cómo lo vives tú, en qué momentos te cuesta más, en qué momentos te cuesta menos o cuando la empleas ¿que giro toma esa situación?.

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