“Cariño me gustaría que pasases menos tiempo en el trabajo”

 

Así es como empieza una petición que leí hace tiempo que una mujer le hacía a su marido.

 

Este artículo lo hago para hablar de la importancia de hacer peticiones claras tanto a otras personas como a nosotros y nosotras mismas, cuando queremos cambiar o mejorar algún aspecto.

Para ello voy a contar este ejemplo que me hace mucha gracia porque me parece tan de la vida normal, tan del día a día que es perfecto:

Resulta que había una mujer que un día en su casa le dijo al marido “cariño me gustaría que pasases menos tiempo en el trabajo”. El marido se fue a trabajar y estuvo pensando qué hacer para contribuir a esa petición que le había hecho la mujer. Cuando llegó a casa le dijo el marido a la mujer “amor, me ha apuntado a un torneo de golf”.

La mujer yo creo que le debió preparar la maleta o algo así porque desde luego, el marido no había entendido nada.

Está claro que lo que la mujer quería era que pase más tiempo juntos. No hacía falta ser el más listo del mundo para entender esto. Pero este ejemplo habla de cómo a veces lo que nos pide alguien o lo que nos están diciendo lo interpretamos como buenamente podemos.  Estoy seguro de que este hombre lo hizo con su corazón y sus ganas de contribuir pero me parece que no le salió nada bien. 

Cuando hacemos peticiones hay un ejercicio que hago en las formaciones con por ejemplo un círculo de 25 personas. Les digo “imaginaos que sois mi grupo de amigos y de amigas, os cuento que llevo una temporada que estoy un poco más triste y os pido que me tengáis más en cuenta”. Yo escribo en un papel lo que me gustaría exactamente que hicieran, pero no se lo enseño.

Les pido después que compartan lo que han pensando ellas y ellos:

Me dice una persona “pues yo lo que haría para tenerte en cuenta sería escribirte un whatsapp todas las mañanas preguntándote qué tal estás”.

“Yo lo que haría sería ir a tu casa por sorpresa a llevarte una comida rica e invitarte a un concierto”.

“Pues yo te mandaría memes todos los días para que te rieses y dejases de estar triste”. 

Una persona me llegó a decir en un taller:  “te prepararía una fiesta sorpresa con toda la gente que conoces desde tu infancia”.

Cosas súper interesantes que en verdad están genial, todo el mundo lo hace desde contribuir. Pero si yo no soy claro cuando hago esa petición, no puedo conseguir que esa gente pueda satisfacer esta petición que estoy haciendo. Cuando acaba el círculo enseño una hoja grande en la que pone “que me llaméis una vez a la semana”.

Hay gente que acierta, hay siempre 1 o 2 personas de cada 25-30 que acierta, pero es que es súper difícil saber qué quiere la persona si no concretamos. Sin embargo si yo cuando les hago la petición les digo “oye chicos chicas mira llevo una temporada que estoy un poco más flojo, estoy un poco más triste. Me gustaría que estuviéramos más cerca. Lo que os propongo es que nos llamemos una vez a la semana y nos contemos un poco cómo estamos, hagamos algún plan… ¿vale?”. Simplemente esto. La gente obviamente puede decir “pues mira a mí no me apetece” o “no quiero” o “es mucho para mí” o lo que sea. Pero simplemente esto ya haría que todo el círculo hubiese entendido a la primera de que va la petición que les estoy haciendo.

Este artículo es para poner el foco en que las peticiones sean claras. Escucho a diario, cuando trabajo con familias, con parejas, que las peticiones son súper abstractas y sé que esto le puede servir a mucha gente en su día a día.

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