¿Cómo diferenciar una petición de una exigencia?

¿Cómo dejar de hacer exigencias a mis seres queridos?

¿Cómo dejar de hacerme exigencias a mí?

Vamos a partir de la base de que todo lo que hacemos las personas lo hacemos para cuidar necesidades. Desde mudarte a otro continente, hasta rascarse la cabeza. Hacer la compra, abrir la ventana, llamar a alguien… todo lo hacemos para cuidar necesidades.

Por ejemplo yo haciendo este artículo estoy cuidando mis necesidades de: conexión, compartir, sentido, también de creatividad. Tú que lo estás leyendo me imagino que estás cuidando pues no lo sé la de aprendizaje, la de entretenimiento… no lo sé tendría que preguntarte para estar seguro al cien por cien.

Entonces partiendo de esta base cada vez que queremos cuidar necesidades hacemos peticiones a otras personas o a uno/a mismo/a. Por ejemplo compro un sofá y tengo que transportarlo hasta mi casa, entonces llamo a un amigo y le digo que si puedo usar su furgoneta para traer el sofá a mi casa.

En este caso la petición se la estoy haciendo a mi amigo, aunque también me he hecho la petición a mí mismo de comprar un sofá para mi casa, pero bueno nos quedamos con la de transportar el sofá.

Llamamos al amigo y le decimos que si nos deja su furgoneta para traer el sofá a nuestra casa y esto según el creador de la Comunicación Noviolenta, Marshall Rosenberg, lo podemos hacer de dos maneras: podemos hacer peticiones o podemos hacer exigencias

 

Las exigencias son maneras que tenemos de cuidar nuestras necesidades sin tener en cuenta las necesidades del resto. Llamar a mi amigo y decirle que me deje su coche o que me ayude a transportarlo y no preocuparme en que tendrá que hacer cosas o en que quizá no la apetece dedicar un sábado a traer un sofá a mi casa.

Cuando hacemos exigencias damos por hecho que se van a cumplir. A veces porque tenemos poder y a veces porque nos creemos que tenemos poder. Lo feo es cuando tenemos poder y lo utilizamos para hacer exigencias.

Cuando no tenemos ese poder pues hacemos una exigencia y se cumple o no. Por ejemplo si yo bajó a la calle y le digo a alguien “¿me puedes dar cien euros?” pues es una petición, igual me los da o igual no (yo creo que no). Sin embargo si le digo con una navaja en la mano “¿me puedes dar cien euros?” es más fácil que me los dé, porque ya tengo poder y eso hace que la exigencia cobre más sentido, tenga más respaldo yo para hacer exigencias. No es lo mismo que un jefe le haga una exigencia a un empleado que que un empleado le haga una exigencia un jefe.

La exigencia trata de manipular a la persona o de pasar por encima de ella para que cuide nuestras necesidades. Con frases como “oye es que si no me dejas tu coche no puedo traer el sofá y no tengo sofá en mi casa y no me puedo sentar y yo si sentarme no puedo vivir porque me canso” o “es que ya he llamado al resto de gente y nadie tiene una furgoneta que me pueda dejar”, intentamos de alguna manera arrinconar a la persona para que se sienta con esa obligación de dejarnos la furgoneta, cuando no tenemos otra manera de pedírselo u otro poder para que nos deje su furgoneta.

Cuando hacemos exigencias lo que queremos es cuidar nuestras necesidades y no nos importan las necesidades del resto. Sería más o menos como en CNV lo llamamos, como haría las cosas un “chacal”.

Si no sabes de qué te estoy hablando, aquí tienes un vídeo que cuenta a todo esto de chacal y de jirafa.

Cuando en la vida no queremos hacer exigencias porque entendemos que las relaciones han de ser lo más horizontales posibles, cuando entendemos que nuestras necesidades no son más importantes que las de los demás, cuando entendemos que manipular a la gente para que te deje su furgoneta pues no es algo que esté guay, lo que hacemos es hacer peticiones.

Las peticiones para que sean exitosas tienen que tener una serie de características (al menos según la Comunicación Noviolenta).

Que sean claras: te pido con claridad “¿puedes dejarme tu furgoneta este sábado de 16:00 a 19:00? yo iría a buscarla a tu casa y te la volvería a dejar allí”

 – Tienen que ser realistas: yo no te voy a decir “¿me puedes dejar la furgoneta sólo de 16:000 a 16:15? voy corriendo cojo el sofá y lo traigo a mi casa. Esto no es realista, entonces no va a suceder.

– Es interesante que sean medibles. Si yo le digo a mi amigo: “gracias por dejarme la furgoneta, este año te la voy a pedir muy pocas veces ya”. ¿Cuánto es muy pocas veces? ¿es 1? ¿es 3? ¿20?. Depende de cuál sea mi baremo de pedir las furgonetas a la gente ¿no?

– Que sean en lenguaje positivo. Te pido lo que quiero, no lo que no quiero.

Si quieres saber más sobre alguien a quien no le salió muy bien esto de las peticiones claras y en positivo te dejo aquí un artículo para que le eches un ojo.

– Las peticiones tienen que tener en cuenta las necesidades de las dos personas o de todas las personas. Si yo te hago una petición a ti, tengo en cuenta mis necesidades y también las tuyas. Si te pido la furgoneta pues a lo mejor te puedo ofrecer que te dejo mi coche por si tienes que ir a algún sitio en ese momento. O a lo mejor te ofrezco mis manos para trabajar en tu huerto ese fin de semana. Entiendo que todo el mundo cuando se levanta tiene una lista de necesidades que cuidar y que vayamos a “interrumpir a la gente” y pedirle que nos ayude a cuidar nuestras necesidades, interrumpe que cuiden las suyas. Yo siempre que hago una petición intentó también aportarle algo a la persona, no tiene por qué ser en ese momento. Por ejemplo si yo quedo con una persona que viene a mi casa a verme y a comer y va a hacer una hora de coche, pues igual yo me curro una comida rica y hasta si sobra le puedo decir que se lleve para que tenga la cena o la comida de mañana. Igual que si voy a comer a una casa que está a una hora de aquí, me gusta que me faciliten un poco las cosas.

 – La característica que tiene que tener para que sea una petición es estar abiertos a recibir un NO. Cuando no estamos abiertos a recibir un no, estamos en una exigencia. Estamos agarrándonos a que sea eso lo que suceda. Si yo lo que le digo a mi amigo “es que me tienes que dejar la furgoneta, sí o sí como sea, a toda costa”, estoy en una exigencia. Le estoy exigiendo que me la deje. A lo mejor lo hago claramente o a lo mejor intento manipularle diciendo que “he llamado el sitio de alquiler y no hay o es muy caro o lo que sea” . Hay que pedir las cosas, casi como si no las necesitáramos. Incluso diciendo, y esto es importante, “pero tengo otras opciones”. Porque generalmente en la vida tenemos otras opciones.

Había un formador que me gusta como lo contaba. Decía que no es lo mismo pedir algo como “flores para poner en un jarrón” que como “aire para mis pulmones”. No es lo mismo decirle “sería genial que me dejases tu furgoneta para traer el sofá a mi casa, si no se lo pediré a esta persona o a esta otra o pagaré a un transportista” que decirle “es que si no me dejas tu furgoneta no podría tener un sofá en mi casa nunca”. Es muy diferente.

Luego están las petigencias. Un nombre que le ponemos con un poco de humor a este término que es cuando vamos de que es una petición, pero realmente es una exigencia. Es un poco como el lobo con piel de cordero. Intento acercarme a ti como que te estoy dando la oportunidad de que elijas, pero cuando me dices que no me enfado contigo. O te vengo con indirectas o te estoy guardando un año el día que me dijiste que no a la furgoneta. 

Así que ya sabes si quieres hacer peticiones exitosas, cuando hagas peticiones que sean claras, realistas, medibles, en positivo, que estén abiertas aún no y que tengan en cuenta las necesidades de todas las personas.

Espero que te sirva para relacionarte desde una manera más equitativa, más horizontal, a la hora de hacer peticiones tanto a otras personas como a ti mismo y a ti misma. Que esto es otro artículo que podríamos hacer si queréis porque a veces en los talleres hablo de esto y la gente lo pilla a la primera, pero sin embargo seguimos haciéndonos exigencias a uno mismo a una misma infinitamente y esto pues es un bucle bastante incómodo de vivir. 

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