A veces ignoramos el impacto que tiene en las personas que están en etapa de crecimiento, todo lo que escuchan, todo lo que ven, todas las experiencias que están viviendo y cómo nos relacionamos con ellos y ellas.

En este post voy a hablar de 7 consejos que pienso que son imprescindibles a la hora de relacionarnos con nuestros hijos y con nuestras hijas para que esto tenga el menor impacto posible en esta etapa de desarrollo.

La familia es uno de los núcleos relacionales en los que la comunicación es muy importante y a la vez es muy compleja porque generalmente hemos adquirido patrones y comportamientos de las generaciones superiores: de nuestros padres, madres, abuelos y abuelas. Eran unos patrones en los que (no todos, hay gente que si, gente que no) generalmente no se tenían en cuenta mucho los sentimientos, las necesidades o la libre elección de los hijos y las hijas, sino que más o menos se trataban de transmitir algunos valores muy positivos, pero en mi opinión a veces de una manera un poco torpe.

Vamos a ver 7 consejos que nos van a ayudar a transgredir de alguna manera estos comportamientos o estas maneras de criar o de acompañar que yo pienso que en el momento vital en el que estamos, ya es hora de poder incorporar nuevas metodologías y esto nos va a ayudar tanto a nosotros y nosotras a la hora de tener herramientas y también a nuestros hijos e hijas a crecer siendo capaces de entender unos valores positivos de que lo que hacemos y escuchan y ven no tenga un impacto en su desarrollo y otra serie de beneficios que vamos a ir viendo. 

El primer consejo súper sencillo, seguramente vas a decir “bah, pero esto ya lo sabía”, lo que no sé hasta qué punto lo hemos llevado a cabo. Potenciemos nuestro desarrollo personal. Cuando nosotros y nosotras nos conocemos, sabemos cuáles son nuestros sentimientos, necesidades, cómo gestionamos la culpa, el miedo, el enfado, qué pensamos de la honestidad, de la verdad, de la mentira, es cuando podemos ser capaces de transmitirlo. Cuando no tenemos ni idea y vamos por la vida improvisando y respondiendo a pequeños estímulos que nos suceden y trabajando más desde la reactividad, lo que transmitimos es una manera de relacionarnos y de entender la vida y los procesos más desde: reacciono cuando suceden cosas, como buenamente puedo. Entonces el primer paso es que aprendamos unos mínimos sobre psicología, sobre desarrollo personal, sobre cuáles son las cosas que nos dan miedo, nos gustan, nos preocupan, qué son las necesidades, qué son los sentimientos…

El segundo consejo es que seamos capaces de asumir cuándo hemos cometido un error. Hay veces que la palabra “error” o el concepto “error” tenemos que analizarlo y ver de qué hablamos con “error” pero creo que también es positivo que cuando consideramos que hemos metido la pata, podamos ponerlo sobre la mesa, asumir la responsabilidad que ha tenido o el impacto que ha tenido en nosotros y nosotras en otras personas y que lo podamos comunicar. A veces lo que pienso que hacemos con esto es que o bien lo escondemos o bien lo justificamos poniendo la responsabilidad fuera y no nos hacemos responsables del impacto que esto tiene. Creo que es muy interesante que generemos esta cultura de hacernos cargo de nuestros actos y de esta manera podamos transmitir esta especie de valor que tiene que ver con la honestidad, con el aprendizaje y con el desarrollo a nuestros hijos e hijas o a estas personas con las que estamos trabajando.

El tercer consejo es súper básico también: es hora ya de eliminar el chantaje emocional. Estamos en un momento ya en la vida en el que lo hemos usado un montón, nos ha servido, a veces no, lo han usado también con nosotros y nosotras, seguramente no nos ha gustado y creo que frases como “si no te comes todo, hay gente que se está muriendo de hambre” y “estoy triste porque no me has llamado” o “estoy hablándote así de mal porque me has enfadado”… cosas que lo que hacen es culpabilizar o generar miedo en nuestro hijo o en nuestra hija sólo nos lleva a esta cultura del miedo, de la culpa, del chantaje del: te movilizo para que hagas acciones que a mí me benefician, arrinconándote, diciéndote que si no lo haces me voy a enfadar y esto significa que te voy a querer menos (y los peques lo que quieren es que les queramos cuando son pequeños y tienen estas figuras de referencia). Ya es momento de “pillarnos” cuando usemos este tipo de frases para que nuestros hijos o hijas hagan lo que queremos.

El cuarto punto es la disponibilidad. Nuestros hijos e hijas necesitan que tengamos disponibilidad para ellos y ellas. Sea la edad que tengan, aunque sean adolescentes, también nos necesitan. Necesitan que estemos para ellos y para ellas y que sepan que podemos estar para otras cosas en las que no estamos acompañando a día de hoy. A veces necesitan las cosas básicas: que coman, que tengan ropa limpia, que les llevemos al colegio… pero hay un montón de cosas también en las que en las que se crean unos vínculos más fuertes, una confianza y en las que podemos extraer también momentos muy positivos de confianza, aprendizaje, transmisión de valores y simplemente el hecho de disfrutar de estar con tus hijos y tus hijas que para ti y para ellos y ellas también siempre va a ser algo muy beneficioso. Es importante por un lado pasar tiempo de calidad con ellos y ellas y por otro que sepan que pueden contar con nosotros y nosotras en cosas en las que a lo mejor se nos están escapando, simplemente preguntándole “¿hay algo más en lo que te puedo echar un cable?”, “¿te gustaría que hiciéramos algo diferente?”, “¿hay alguna cosa en la que me estés echando en falta?”. Hay familias con las que trabajo en las que el chaval cuenta que se sienten solos cuando les dejan en un deporte extraescolar y no están ahí. No digo que tengan que estar toda la hora los padres pero a lo mejor sí que le puedan preguntar cómo se siente cuando les están llevando ahí. Pequeños momentos en los que damos por hecho que no hace falta que estemos, pero creo que es importante que estemos o bien sepamos si para él o para ella es importante que estemos ahí.

El número cinco es: no mentir. Cuando queremos transmitir unos valores positivos de honestidad a nuestros hijos e hijas pero también nos están escuchando por teléfono que estamos mintiendo a alguien o cuando viene alguien a casa y le decimos algo y ellos y ellas (aunque estén a otra cosa) nos están escuchando y están viendo como mentimos. Luego seguramente nos enfadaremos cuando le preguntemos algo y nos mienta, por miedo a las consecuencias. Pero estamos haciendo cosas contradictorias, cuando les decimos que mentir no es bueno y nos ven que estamos mintiendo. Si quiero transmitir un valor de honestidad voy a ser congruente con este valor y voy a decir la verdad y voy a hablar con ellos sobre el impacto que tiene mentir, sobre en qué casos he mentido y cómo me siento con esto y también ver qué opinan ellos y ellas sobre esto de la mentira.

El punto número 6 habla de que seamos capaces de ayudarles a que tomen decisiones. A veces porque tenemos más edad y hemos vivido más experiencias pensamos que lo ideal es darles consejos o decirles qué es lo que tienen que hacer o qué es lo que sería lo correcto. Esto no es malo, sale de una parte de nuestra muy bella de querer contribuir, pero cuando estamos ayudándoles a que tomen sus decisiones realmente les estamos ayudando a que crezcan y a que se enfrenten a situaciones de la vida que luego les va a tocar enfrentarse y a lo mejor no vamos a estar o nuestra decisión quizás no es la más acertada para su vida. Es importante que les acompañemos cuando estén tomando decisiones, preguntar “¿qué te gustaría?” “¿que preferirías?” ¿qué es lo que estás buscando realmente en esto?” que les podamos escuchar y que con ese acompañamiento puedan de ir tomando sus propias decisiones de una manera autónoma en la que ganen pues esa independencia y esa capacidad propia de enfrentarse a situaciones de la vida que tarde o temprano van a suceder y lo interesante es saber qué queremos hacer frente a esas situaciones y aprender maneras de tomar decisiones por uno mismo y por una misma.

El séptimo punto simplemente lo que me gustaría tratar de transmitir es que seamos capaces, cuando nuestros hijos e hijas nos están contando algo una situación que están viviendo y que no saben por dónde tirar o simplemente que nos quieren compartir una situación, de escucharlo con empatía y sin querer solucionar la situación que están viviendo o querer aconsejarle rápidamente o querer decirle sí me parece bien o mal o qué es lo que haría yo, sino simplemente escuchar sin resolver la situación. Luego quizá es importante que si nos lo preguntan o si pensamos que tenemos algo que decirle se lo podamos decir para que le pueda ayudar, pero si hacemos esto también creo que es importante que lo hagamos siendo conscientes de que estamos transmitiendo una idea que es nuestra (en base a nuestra vida y nuestras vivencias) y que no tiene por qué encajar perfectamente con cuál es su vida y su contexto, porque hay información que nos falta sobre cómo viven las relaciones, sobre otras gerencias que tiene, sobre los valores que tiene que desconocemos, etc. Cuando hagamos esto que seamos capaces de decir “esto es lo que yo haría, pero bueno quizá te sirve, quizá no te sirve, aquí te lo dejo como una idea que a lo mejor te puede funcionar”

 

Bueno estos son los siete consejos que quería transmitir 

Seguro que hay algunos que ya los están utilizando de siempre o que ya los conocías. Mi intención es que podamos descubrir algunos diferentes que podemos incorporar y que poco a poco los podamos ir poniendo en práctica, así que nada si quieres profundizar en mi página web tienes más contenido. Estoy haciendo un curso que trata sobre estos temas en particular que pronto estará también en mis redes sociales o en mi página web y puedes ir consultando

Espero que te sirva y que te sea de valor

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